sábado, 6 de diciembre de 2008

poética

Vino, primero en tapa dura,

escondida en los libros de EGB;

y la aprendí de memoria.

Luego se hizo sonora

en otras bocas,

como para enamorar.

Llegó a ser religión de algunos,

y yo fanática integrista

la dejé sin sentido.

¡Qué estupidez!...

Mas se fue haciendo sencilla,

le hablé de tú a tú y me sonreía.

Se me quedó en la retina,

y en los pelillos del oído,

susurrándome a veces.


Ahora se aparece cada tanto;

juega a esconderse y cuando la llamo

no viene enseguida.


¡Oh fulgor de las cosas sin brillo, poesía

en minúscula, esquiva siempre!


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