Vino, primero en tapa dura,
escondida en los libros de EGB;
y la aprendí de memoria.
Luego se hizo sonora
en otras bocas,
como para enamorar.
Llegó a ser religión de algunos,
y yo fanática integrista
la dejé sin sentido.
¡Qué estupidez!...
Mas se fue haciendo sencilla,
le hablé de tú a tú y me sonreía.
Se me quedó en la retina,
y en los pelillos del oído,
susurrándome a veces.
Ahora se aparece cada tanto;
juega a esconderse y cuando la llamo
no viene enseguida.
¡Oh fulgor de las cosas sin brillo, poesía
en minúscula, esquiva siempre!

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